Jordaan

El Jordaan es posiblemente el barrio más famoso de Holanda. A semejanza del reputado Cockneys de Londres, este barrio, un bastión de la clase obrera, era famoso por sus sólidas uniones comunitarias, su política radical y su amor por la bebida y por cantar canciones a todo pulmón. El aburguesamiento de las últimas décadas ha traído a sus escénicas calles galerías, restaurantes, tiendas de especialidades y residentes en ascendencia social, pero indudablemente aquí todavía se respira una atmósfera característica.

Explorando el área del Jordaan

El Jordaan comienza en la Brouwersgracht, al oeste de la Estación Central de Ámsterdam, y se extiende rodeando el costado occidental del anillo de los canales, entre el Prinsengracht y el Lijnbaansgracht, para acabar en el Leidsegracht. Aunque el área situada al norte del Rozengracht tiene un carácter más turístico y comercial, el área sur, más tranquila, no resulta menos pintoresca.

Calles idílicas

Visualmente, este barrio se caracteriza por sus calles desaliñadas y sus afamados patios con jardín (hofjes) construidos por los ricos benefactores del siglo XVII para los ancianos pobres. Aunque el origen exacto del nombre “Jordaan” sigue siendo un misterio, es posible que estos jardines (en francés, jardin) dieran nombre al barrio. Después de todo, muchas calles de la zona todavía llevan el nombre de flores (Bloemgracht – canal de las flores; Egelantiersgracht – canal de la rosa mosqueta,  Palmstraat – calle de la palmera…) y no hay calle en la que no crezcan árboles y arbustos, fragantes glicinias, vibrantes buganvillas o cascadas de follaje.  

Una rica (y pobre) historia

Al pasear por las exquisitas y serpenteantes calles del Jordaan hoy, resulta difícil imaginar que este barrio fue un foco de pobreza al borde de la demolición. Construido a principios del siglo XVII, cuando Ámsterdam, en pleno siglo de oro, disfrutaba de la influencia estable de los ricos inmigrantes europeos, el Jordaan era denominado el Nieuwe Werck (“Nueva York”), ya que aquí vivían los artesanos, carpinteros y albañiles de clase obrera que se esforzaban por expandir las fronteras de la ciudad. Aquí estuvo el último hogar de Rembrandt tras su quiebra en 1655; el artista alquilaba una casa en la Rozengracht 184 (antiguamente un canal, hoy la arteria principal del tráfico del oeste del barrio) así como un pequeño estudio en la cercana Bloemgracht.

En el siglo XIX, la población creció explosivamente y las condiciones de vida se deterioraron de manera importante. El agua potable era escasa, los canales se convirtieron en terreno donde verter la suciedad, y las familias vivían apiñadas por docenas en alojamientos diminutos y ruinosos. Tras la II Guerra Mundial, se habló incluso de la demolición del barrio entero. Pero el afortunado y oportuno nacimiento de la ley de conservación de monumentos de 1960 salvó al barrio. Las casas se renovaron, los canales más pútridos (incluido el  Rozengracht y el Elandsgracht) se rellenaron, y se garantizó el estado de preservación de los famosos patios con jardín.

La vida en el Jordaan

Hoy en día, el Jordaan ofrece una auténtica mezcla de Jordanese, una comunidad chapada a la antigua, y jóvenes familias que llevan a sus hijos al colegio en a bakfiets (bicicletas de carga). Además, hay varios restaurantes y lugares de reunión de moda en la zona de Noordermarkt y a lo largo de la Westerstraat y el Rozengracht, y no faltan los tradicionales cafés marrones. La música folclórica tradicional holandesa típica de aquí – melodías pomposas y emocionales entonadas con absoluto arrebato por una variedad de cantantes maduros que tienen hasta estatuas aquí -  también está muy presente, por ejemplo en el Café Nol o durante el festival anual del Jordaan.

Haarlemmerbuurt

Justo en el borde septentrional del Jordaan está la Haarlemmerstraat y su extensión, la Haarlemmerdijk. Esta calle está llena de boutiques independientes y extravagantes y bares de moda – el lugar perfecto para ir de compras, cenar y beber cócteles.