Normalmente al visitar una ciudad, uno busca las vistas más bonitas. Pero los sonidos de una ciudad también nos dicen mucho de ella. Desde el “tilín tilín” de los timbres de las bicicletas hasta el chirriar de los tranvías sobre los raíles, Ámsterdam tiene sonidos característicos muy peculiares. A continuación le ofrecemos una “guía de disfrute acústico” para completar su visita a Ámsterdam.
Allá donde vaya en Ámsterdam, le acompañará el tañido de las campanas. En el medievo, las campanas se utilizaban para avisar a la gente de fuegos, tormentas, guerras u otros eventos significativos. Con el paso del tiempo, las campanas se instalaron en las torres de las ciudades más ricas, como símbolos del orgullo y estatus ciudadano. Holanda cuenta con una de las mayores concentraciones de carillones de todo el mundo. François Hemony , uno de los fundidores de campanas más célebres del s. XVII, construyó varios carillones en la ciudad de Ámsterdam. Uno de ellos se encuentra en el Westerkerktoreny cuyas melodías podía escuchar Ana Frank podía desde su escondite. Otros caraillones creación de Hemony son el de Oude Kerk, Munttoren, el de la Zuiderkerk y el situado en el Palacio Real en la plaza del Dam (el antiguo ayuntamiento).Las campanas del Palacio Real suenan cada media hora con una melodía que se cambia cada año.
Amados por unos, odiados por otros: los organillos (draaiorgels) son una fuente de diversión muy castiza en Ámsterdam. Su historia se remonta al año 1875, cuando Léon Warnies, un viajero belga casi ciego, fundó su propia compañía de alquiler de organillos. La ciudad necesitaba desesperadamente algo de animación, y los organillos constituían una fuente de ingresos para los inválidos. La gente se echaba a bailar espontáneamente en las calles, lo que hizo que los organillos se fueran haciendo cada vez más sofisticados y que se encontraran casi en cada esquina. Hoy en día, Ámsterdam tiene tan sólo 3 organillos. Como no siempre tocan la música que le gusta a todo el mundo, sólo les está permitido tocar dos veces al día en las áreas más concurridas, y durante un tiempo máximo de 10 minutos. Sólo se hace una excepción durante el festival del organillo, que se celebra el último domingo de octubre, y durante el cual los organillos funcionan a toda máquina durante todo el día.
Durante todo el año encontrará entretenimiento callejero de lo más variado. Los músicos callejeros suelen instalarse en las plazas más populares (como el Dam o la Leidseplein), o en los alrededores de la estación central de trenes. Algunos de ellos son muy buenos, otros...no tanto, pero al menos le ponen mucho entusiasmo.
¿Hay algo más relajante que el burbujeante chapotear del agua? Haciendo un crucero por los canales podrá relajarse disfrutando de estos melodiosos sonidos. Y si busca aún más tranquilidad, le recomendamos un safari por los humedales que rodean Ámsterdam.
En Ámsterdam pueden verse y escucharse multitud de aves acuáticas, como el de los patos, ocas y cisnes que nadan en los canales. Otro sonido muy típico de Ámsterdam es el suave arrullo de las miles de palomas que habitan la plaza del Dam. Y si prefiere sonidos más salvajes, le recomendamos una visita al zoo Artis, siempre lleno de gruñidos (también de los animales).
Si busca sonidos más ordenados y armoniosos, le recomendamos el Muziekgebouw aan t’IJ o el Concertgebouw para conciertos de música clásica, la Bimhuis, con su atmósfera íntima, para conciertos de jazz, o la Melkweg, Paradiso y el Heineken Music Hall para disfrutar de los grandes nombres de la música.
Y si, aún después de haber leído este artículo, se resiste a separarse de su MP3, le recomendamos una “banda sonora holandesa” mientras explora la ciudad. Grupos como Golden Earring y la George Baker Selection, y solistas como Anouk o Alain Clark son tan sólo algunos ejemplos de artistas holandeses cuya fama ha traspasado fronteras.
¡Agudice los oídos y disfrute de los sonidos de la ciudad!